La posición cardenista con respecto a las relaciones obrero-patronales y a los problemas de trabajo e industria quedó definida de hecho en el discurso que pronunció en Monterrey, a donde se traslado personalmente para resolver a favor de las fuerzas obreras el conflicto allí planteado. Este discurso fue pronunciado el 9 de febrero de 1936, pocos días antes de la constitución de la CTM, y en su contenido, aunado y corroborado por muchos otros discursos de Cárdenas, parecería que es doble captar la concepción cardenista en esos tópicos.Cárdenas reconoce la existencia de las luchas sociales y llaman a los obreros a organizarse en un frente único para hacer más efectiva la defensa de sus intereses; mas paralelamente, estipula en el séptimo de los 14 puntos anunciados en Monterrey: “las clases patronales tienen el mismo derecho que los obreros para vincular sus organizaciones en una estructura nacional”. Y en verdad, estos conceptos se encontraban acorde con el pensamiento cardenista en el sentido de que los obreros debían organizarse de acuerdo a sus intereses profesionales y que igual cosa deberían hacer los empresarios industriales, y ello para que la lucha económica y social dejara de ser la inútil batalla del individuo contra el individuo y se convirtiera en la contienda corporativa de la cual surgiera la justicia y el mejoramiento de los hombres.En el discurso de Monterrey Cárdenas fija claramente la limitación de los conflictos obrero-patronales a la capacidad económica de las empresas “los movimientos que llevan a cabo en la actualidad las organizaciones de trabajadores no tienen otro carácter que el de una lucha social que se ajusta a los términos de la ley y que no alarma al país ni al gobierno, porque todos sabemos que el objetivo de los trabajadores se reduce a lograr las conquistas que son compatibles con la capacidad productiva y financiera de las empresas”. En tanto la CTM perseguía una reestructuración revolucionaria implícita en su aspiración de abolir el régimen capitalista, Cárdenas considera en verdad la lucha de clases como un medio para la reforma pero no para la revolución. Cárdenas no piensa en la abolición de la propiedad privada, y en repetidas oportunidades expresa explícitamente que no gobierna en beneficio de una determinada clase sino de toda la nación. Se trata de una lucha de clases que permita lograr el equilibrio, y en la medida que no exista, es su deber constituirlo. La lucha de clases surge entonces, en la concepción cardenista, como un medio al servicio del reformismo: la primacía estatal es la garantía de que no trascienda estos límites.
Una vez liquidado el enemigo común, o sea el maximato, las diferencias entre grupos se manifestaron claramente y salieron a plena luz. Se trata fundamentalmente de las diferencias y divergencias entre la orientación izquierdista, representada principalmente por Múgica, Secretario de Comunicaciones y Obras Públicas, Vázquez Vela, secretario de Educación, Soto Reyes, Mora y Tovar y otros, y la orientación centralista postulada fundamentalmente por Portes Gil; o la postura de Cedillo, secretario de Agricultura calificado por los comunistas como quien buscaba el acercamiento a los círculos terratenientes y a la jerarquía católica.Además de en el aspecto ideológico, la confrontación surgía también en función de la lucha por el poder, no tanto por el poder actual dado que Cárdenas era la autoridad absoluta e indiscutible, sino más bien por la constitución de fuerzas (representadas en los estados, en las Cámaras y en el gobierno) que permitieran una posición determinante con respecto a la designación del próximo candidato presidencial y la constitución del próximo gobierno. Los propósitos futuristas eran tan acentuados que Cárdenas inclusive se vio obligado a referirse al problema en sus informes presidenciales.Ya a principios de 1937 Cárdenas proyectó la organización del PNR tomando en cuenta los sectores obrero, campesino y militar, experimentando este sistema en momentos de las elecciones para la XXXVII Legislatura en Coahuila, el Distrito Federal y Yucatán. Asimismo, en febrero de 1937 se firma un pacto de frente electoral popular integrado por el PNR, la CTM, la CCM y el partido Comunista, pero dada la iniciativa ya tomada por Cárdenas, este pacto constituía en verdad una mera y transitoria etapa hacia la constitución del PRM. Y en verdad, ya en esa época comenzó a trabajar una comisión con el fin de revisar los principios y la estructura del PNR.Lógicamente es necesario tomar en cuenta las circunstancias específicas reinantes en el momento mismo de laceración del PRM a fines de marzo de 1938. El 18 de marzo había llegado a su culminación el conflicto con las compañías petroleras y Cárdenas había nacionalizado esta rama básica de la economía nacional. Las presiones de las compañías llegaban a su punto culminante, que no se sabía posible alcance de la reacción estadounidense, México rompería sus relaciones con Gran Bretaña, y agregado a todo esto era previsible el intento de un golpe militar por parte de los elementos reaccionarios dentro del mismo país.Frank Brandenburg considera al PRM fundamentalmente como el intento de la constitución de una democracia funcional basada en cuatro sectores, tres de los cuales debían encontrarse acordes con respecto a una determinada denominación.Moisés González Navarro, por su parte, considera como la principal innovación del PRM con respecto al PNR, el reforzamiento de su carácter de partido “indirecto”, o sea lo que Mauricio Duverger explica como partidos formados por la unión de grupos sociales de base: sindicatos, cooperativas, mutualistas, etc.LA LUCHA POR LA INDEPENDENCIA ECONÓMICA Y EL PROGRESO SOCIAL
Los objetivos básicos de la política económica cardenista fueron el logro de la indepen
dencia económica nacional y el progresivo nivelamiento de las clases sociales. Se trabajo con miras a estos objetivos lográndose paulatinamente su realización parcial a un ritmo y un alcance condicionados por las dificultades y los obstáculos que iban surgiendo, propios de un país subdesarrollado y dependiente de los intereses capitalistas extranjeros. Esto no quiere decir necesariamente que los obstáculos detuvieran la realización del proceso o disminuyeran el ritmo de su marcha; por el contrario, en el periodo cardenista parecería que los obstáculos aceleraron a menudo el ritmo de los acontecimientos y les dieron más alcance y profundidad, ya que solo una arremetida total y a fondo era capaz de garantizar la superación de dichos obstáculos.La visión y la política social de Cárdenas promovieron elementos fundamentales para el desarrollo industrial, pero asimismo mejoraron decisivamente las condiciones de la clase obrera, limitando de ante mano las posibilidades de maniobra de la burguesía nacional. Pero las limitaciones del ámbito de expansión de la burguesía nacional no se llevó a cabo únicamente mediante el fortalecimiento del movimiento obrero, sino también gracias a una política gubernamental, que si bien estimulaba el desarrollo de la pequeña y media burguesía nacional, salía en cambio abiertamente contra la gran burguesía nacional y extranjera.Este histórico paso dado por Cárdenas el 18 de marzo de 1938 constituye una clásica ilustración de algunos puntos cuya comprensión adecuada sigue siendo de importancia esencial para los pueblos latinoamericanos.Las compañías petroleras habían logrado enormes beneficios en la explotación del petróleo mexicano, extrayéndolo del subsuelo y exportándolo al exterior. Una comisión pericial designada por el gobierno estipula claramente: “Una inspección superficial del género de instalaciones de las empresas petroleras y de la orientación de sus actividades, comprueba plenamente que todo ha estado encauzado con el propósito de no derramar en el país los incontables beneficios del aprovechamiento de productos petroleros, sino con el de enviarlos al exterior, para provecho de otros países.¿Cuál fue la reacción de Estados Unidos e Inglaterra frente a la expropiación petrolera llevada a cabo por el gobierno mexicano? En Estados Unidos se dieron en verdad tres posturas diferentes con relación al conflicto: la del Departamento de Estado estuvo siempre dispuesto a apoyar las exigencias de las compañías y a presionar al gobierno cardenista. El secretario de Estado Hull consideraba que los salarios pagados por la industria petrolera eran los más altos del país y esto era lo importante para el gobierno mexicano, y no la posibilidad de que las empresas pudiesen aumentarlos aún más. Una vez llevada a cabo la expropiación, Hull no tuvo más remedio, de acuerdo con la política impuesta por Rooselvelt, que reconocer que el gobierno norteameriano respetaba el derecho de México de expropiar las propiedades petroleras por interés público, pero paralelamente exigió la indemnización previa de las empresas en forma inmediata, sabiendo que esto era imposible de realizar. Las notas enviadas por el Departamento de Estado al gobierno cardenista eran sumamente duras y exigían asimismo la indemnización por las propiedades agrarias que habían sido expropiadas en años anteriores. Considerando que los derechos de la colectividad deben prevalecer sobre los derechos individuales, México explicó firmemente que no podía subordinar la aplicación de las leyes a las posibilidades de un pago inmediato, y rechazó asimismo la posibilidad de someter el conflicto a un arbitraje tal cual lo solicitaban los norteamericanos.En lo que se refiere a Inglaterra, está tomó una posición extrema desconociendo por completo el derecho mexicano a la expropiación en este caso específico, considerando la expropiación petrolera como “esencialmente arbitraria”. Frente a las notas del gobierno inglés, consideradas ofensivas por el gobierno mexicano, el embajador mexicano en Inglaterra recibió órdenes de abandonar su presentación.Las compañías petroleras, por su parte, exigían la devolución de la industria expropiada; dificultaron seriamente la adquisición de refacciones para los equipos de los campos de petróleo y las refinerías mexicanas, y asimismo provocaron el cierre del mercado mundial para el petróleo mexicano. México se vio forzado a vender su petróleo a Alemania, Italia y Japón, logrando asi disminuir los efectos nocivos de las represalias de las compañías. Y finalmente debemos recordar la reacción interna, cuya máxima expresión fue la rebelión cedillista.










